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	<title>El Ranco &#187; DanielMansuy</title>
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		<title>Desorientados</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Apr 2010 14:43:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DanielMansuy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[Daniel Mansuy Huerta
http://cuadernosdelaquincena.blogspot.com/2010/03/desorientados.html
El regreso de la derecha al poder ha sido más accidentado de lo esperado. Dilaciones, errores infantiles, cargos vacantes y cacofonías varias han caracterizado las primeras semanas del nuevo gobierno. Esto, en principio, no tendría nada de raro: si alguna vez alguien pensó que para hacerse cargo del aparato público bastaba con buena [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Daniel Mansuy Huerta</strong></p>
<p><a href="http://cuadernosdelaquincena.blogspot.com/2010/03/desorientados.html">http://cuadernosdelaquincena.blogspot.com/2010/03/desorientados.html</a></p>
<p><a href="http://www.elranco.cl/wp-content/uploads/2010/04/Mansuy.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-30157" src="http://www.elranco.cl/wp-content/uploads/2010/04/Mansuy.jpg" alt="" width="220" height="165" /></a>El regreso de la derecha al poder ha sido más accidentado de lo esperado. Dilaciones, errores infantiles, cargos vacantes y cacofonías varias han caracterizado las primeras semanas del nuevo gobierno. Esto, en principio, no tendría nada de raro: si alguna vez alguien pensó que para hacerse cargo del aparato público bastaba con buena voluntad y experiencia empresarial, estaba muy equivocado. Tomarle el pulso a la nueva situación puede tomar semanas, o quizás meses. En ese sentido, la dificultad pasa más bien por las expectativas creadas por el propio gobierno. Luego de tanto agitar la bandera de la excelencia y de la nueva forma de gobernar, los resultados no están a la altura de lo ofrecido.</p>
<p>En cualquier caso, ha quedado claro lo siguiente: es muy fácil criticar desde la oposición, pero un poco más complejo es asumir las responsabilidades desde dentro. Sin ir más lejos, la derecha hoy guarda silencio frente a lo que ayer la escandalizaba. Por dar un solo ejemplo, los mismos que ayer incriminaban el cuoteo hoy lo exigen por la prensa sin ningún pudor. Por su lado, la Concertación muestra una preocupación extrema por todos los detalles allí donde hizo la vista gorda durante veinte años. Estas lamentables actitudes dejan ver la escasa coherencia de nuestros políticos, siempre tan apurados para ver la paja en ojo ajeno. Parecen no darse cuenta de que al actuar así pierden la poca credibilidad que les va quedando.</p>
<p><a href="http://www.elranco.cl/wp-content/uploads/2010/04/gabinete-pinera.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-30158" src="http://www.elranco.cl/wp-content/uploads/2010/04/gabinete-pinera-300x111.jpg" alt="" width="300" height="111" /></a>Con todo, la pregunta que sigue abierta es saber cuánto demorará el nuevo gobierno en ordenarse y tomar el control de la situación política. Hasta ahora, el oficialismo ha sido mucho más reactivo que activo y la agenda se le va de las manos con demasiada facilidad, lo que no deja de ser extraño en una administración que recién comienza. Por cierto, la demora en la venta de Lan ―que generó una polémica tan predecible como evitable― es el caso más simbólico, pero está lejos de ser el único.</p>
<p>Es obvio que nada de esto es irrevocable, pues el gobierno lleva muy poco tiempo como para sacar ningún tipo de conclusión. Además, basta recordar el lamentable comienzo del sexenio de Lagos para saber que las cosas pueden cambiar si hay voluntad política eficaz. No obstante, eso no impide que haya interrogantes sin resolver, y varias de ellas podrían haber sido resueltas antes del 11 de marzo. En varios sentidos, el gobierno de Piñera sigue siendo una gran incógnita. Desde luego, una de las interrogantes tiene que ver con los conflictos de interés. Mientras Piñera no se desprenda de Chilevisión y de Colo Colo, tendrá un peligroso flanco abierto -y en política más vale cerrarlos. Otra pregunta abierta guarda relación con la UDI, el principal partido de gobierno. Piñera no logra encontrar un modus operandi que le permita anticipar los conflictos, y así la tensión sólo puede ser creciente. El presidente debe buscar un equilibrio, y ambas partes deben estar dispuestas a ceder: ni la UDI puede mantener esa especia de chantaje constante sobre el gobierno, ni el mandatario puede ignorar que se trata de un partido indispensable para su propio éxito. Otra cuestión relevante es el orden interno del gobierno: aún no se sabe muy bien cómo está organizado, ni qué rol cumple cada cual, y ni hablar de una delimitación clara de responsabilidades. A veces pareciera que están todos sumidos en una precipitación continua que les impide reflexionar y tomar distancia de su propia acción: así es difícil evitar los errores. El estilo del propio Presidente no contribuye, pues le cuesta delegar y concentra en sus manos todas las decisiones. Naturalmente, eso le deja poco espacio a los ministros para ir tomando confianza. Un poco por todo esto, no hemos visto hasta ahora una conducción nítida ni un liderazgo claro. Tampoco hemos visto un discurso más o menos coherente que cohesione las propias filas, y ni siquiera el terremoto ha servido para elaborar un relato que le de sentido al activismo febril.</p>
<p>Es cierto que es muy pronto para establecer juicios definitivos. También es cierto que la oposición no lo hace mucho mejor, y el presidente del senado se encarga de recordarnos todos los días cuán lejos está la Concertación de comprender su derrota. No obstante, sería peligroso olvidar que cuatro años pasan muy rápido: los minutos que se están desperdiciando valen oro.</p>
<p><em> Publicado en El Mostrador el viernes 26 de marzo de 2010</em></p>
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		<title>Explicando lo inexplicable</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 15:22:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DanielMansuy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[DANIEL MANSUY Master en Filosofía y Ciencia Política
*La ministra sólo se hunde más intentando esgrimir que no es “tema de gobierno”: desde el minuto en que Piñera no verificó su promesa de vender las acciones de Lan, la cuestión se transforma en asunto gubernamental, guste o no. Salvo que Piñera modifique radicalmente su actitud, su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>DANIEL MANSUY Master en Filosofía y Ciencia Política</p>
<p><strong><em>*La ministra sólo se hunde más intentando esgrimir que no es “tema de gobierno”: desde el minuto en que Piñera no verificó su promesa de vender las acciones de Lan, la cuestión se transforma en asunto gubernamental, guste o no. Salvo que Piñera modifique radicalmente su actitud, su gobierno estará inevitablemente marcado por ese pecado original, por esa ambigüedad irresuelta.</em></strong></p>
<p><a href="http://www.elranco.cl/wp-content/uploads/2010/03/Sebastián-Piñera-Ena-von-Baer_230x230.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-29000" src="http://www.elranco.cl/wp-content/uploads/2010/03/Sebastián-Piñera-Ena-von-Baer_230x230.jpg" alt="" width="230" height="230" /></a>Escuchar a la ministra vocera, joven y talentosa, dando explicaciones por el retraso en la venta de Lan no puede sino resultar un poco decepcionante para quienes todavía creemos en la existencia de ciertas reglas en la vida pública. En efecto, culpar a Celfin no sólo es completamente inverosímil, sino que además hace dudar respecto del grado de confianza que los chilenos podemos depositar en el nuevo gobierno. Pero también es decepcionante porque la función de los ministros es gobernar el país, no gastarse explicando los incidentes financieros de Piñera. Desde todo punto de vista, y supongo que esto lo admitiría el más acérrimo de los piñeristas, es lamentable que los ministros estén perdiendo su tiempo y energía en explicar lo inexplicable, dando la cara por algo que, simplemente, no es su problema. Es una especie de “privatización” de los ministros. Nunca pensamos que Piñera llegaría tan lejos. Por cierto, la ministra sólo se hunde más intentando esgrimir que no es “tema de gobierno”: desde el minuto en que Piñera no verificó su promesa, la cuestión se transforma en asunto gubernamental, guste o no. Otro secretario de Estado fue más lejos, y acusó de mal gusto a quienes preguntaban sobre este tema, como si pudiera ser impropio inquirir por los compromisos adquiridos durante la campaña.</p>
<p>Piñera prometió vender antes de asumir, y no cumplió. Para peor, aún no es capaz de dar una respuesta satisfactoria. Es cierto que en el intertanto hubo una catástrofe, pero todo indica que las cosas deberían haber estado ya zanjadas el día del terremoto, que ocurrió tan sólo 12 días antes del cambio de mando. Por lo demás, la bolsa no interrumpió sus actividades. También cabe la posibilidad que Piñera haya tardado la venta porque las acciones bajaron luego del terremoto. En tal caso, podemos darnos por enterados: el Presidente sigue especulando y, por tanto, sus promesas están condicionadas al valor de sus acciones. Por último, quizás Piñera simplemente no quiso vender para ver cómo reaccionaba la opinión pública: por si pasa, como se dice en buen chileno.</p>
<p>Violar las reglas por primera vez es difícil, pero luego puede convertirse en rutina. En ese sentido, lo de Piñera es grave por demasiadas razones.</p>
<p>Como sea, el caso es que ninguna de las tres explicaciones posibles es muy estimulante, pues todas dejan claro que el presidente es incapaz de realizar una demarcación clara y nítida entre lo público y lo privado, entre sus legítimos intereses personales y sus responsabilidades como Presidente de la república. Chile no es un juego ni una empresa, y la república merece cuidados y atenciones: por lo mismo, encabezarla exige tener plena conciencia de los deberes implicados. Es cierto que la Concertación no siempre hizo las cosas demasiado bien en este sentido —los cruces de veredas fueron demasiado frecuentes y, a veces, obscenos—, pero eso no constituye un argumento, menos aún si se pretende instaurar una nueva forma de gobernar. Además, sería de ciegos negar que, en esta materia, la derecha tiene que rendir un examen bastante más severo que la izquierda. Y si bien es innegable que Piñera no siempre observó estas reglas de modo muy estricto en el pasado —basta recordar su discusión con Allamand a propósito del caso Chispas—, uno esperaría mayor conciencia de lo siguiente: en un país tan presidencialista como Chile, ocupar la primera magistratura conlleva obligaciones infinitamente superiores a las de ser senador. Y no se trata de un problema legal, sino de un problema ético, porque —como diría Ricardo Lagos— el Presidente de Chile no puede necesitar una ley para cumplir con su deber.</p>
<p>En ese sentido, salvo que Piñera modifique radicalmente su actitud, su gobierno estará inevitablemente marcado por ese pecado original, por esa ambigüedad irresuelta. Podrá quizás hacer una buena gestión, es posible que resuelva muchos problemas y quizás se destaquen algunos ministros. Sin embargo, difícilmente su mandato podrá liberarse del estigma de haber permitido abundantes conflictos de interés en su seno, propiciados por el propio Presidente.</p>
<p>Dicho de otro modo, la república saldrá dañada porque cuando se mezclan los ámbitos de un modo tan abierto, a vista y paciencia de todos, el perjuicio es difícil de reparar. Violar las reglas por primera vez es difícil, pero luego puede convertirse en rutina. En ese sentido, lo de Piñera es grave por demasiadas razones. Alguien podría objetar que mis argumentos son nostálgicos, que estas cosas ya no importan, y que lo crucial hoy es ser eficiente, y que el resto importa poco. Por mi parte, sigo pensando que la buena gestión exige reglas claras, y que cuando esas reglas se hacen difusas, todo se confunde y todo se vuelve posible. Sigo pensando que los servidores públicos deberían estar libres de cualquier sospecha, y sobre todo el primero de ellos, el Presidente. Sigo pensando que la política es una actividad noble que impone cierto ethos. Sigo pensando, en fin, que mi abuelo no estaba tan equivocado cuando me enseñaba que las promesas son para cumplirlas y que lo público es distinto de lo privado.</p>
<p><em>Fuente: El Mostrador.cl y gentileza de Daniel Mansuy.</em></p>
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		<title>Los misterios de Piñera</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Mar 2010 22:08:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DanielMansuy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[DANIEL MANSUY HUERTA
Master en Filosofía y Ciencia Política
El cambio de mando realizado ayer, en medio de movimientos telúricos y alertas de maremoto, tiene algo de nostálgico para todos quienes hicimos nuestras primeras armas en los últimos veinte años, más allá de la posición política de cada cual. Muchos rostros con los que crecimos se van [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>DANIEL MANSUY HUERTA</p>
<p>Master en Filosofía y Ciencia Política</p>
<p><a href="http://www.elranco.cl/wp-content/uploads/2010/03/Mansuy.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-28612" src="http://www.elranco.cl/wp-content/uploads/2010/03/Mansuy.jpg" alt="" width="220" height="165" /></a>El cambio de mando realizado ayer, en medio de movimientos telúricos y alertas de maremoto, tiene algo de nostálgico para todos quienes hicimos nuestras primeras armas en los últimos veinte años, más allá de la posición política de cada cual. Muchos rostros con los que crecimos se van para sus casas, y llegan otros que siempre habíamos visto en la oposición. Estábamos acostumbrados a cierto modo de hacer las cosas, con sus grandezas y sus miserias, y ahora tendremos que habituarnos a otro, que seguro traerá también sus propias grandezas y miserias.</p>
<p>Así, se abre un nuevo período histórico, y nadie sabe a ciencia cierta cuánto durará la derecha en el poder. Con todo, es evidente que tiene cancha para jugar, y los nombres elegidos por la Concertación para presidir el senado los próximos tres años son una excelente muestra de su desconexión total con la nueva realidad política. Con Jorge Pizarro, Camilo Escalona y Guido Girardi en la primera línea, Piñera puede estar tranquilo: la oposición tardará un buen tiempo en recuperar su credibilidad y volver a convertirse en alternativa seria de gobierno.</p>
<p>Donde ve una oportunidad, la aprovecha sin hacerse muchas preguntas y donde hay un espacio, lo toma sin fijarse en detalles. Ignoro cuánta verdad hay en esos argumentos, pero hay algunos hechos que no merecen discusión.</p>
<p>Por cierto, la administración entrante debe aprovechar las circunstancias evitando enredarse en cuestiones menores. Pero la verdad es que, hasta ahora, las señales no han sido de lo más alentadoras: en pocas semanas, el piñerismo no sólo ha cometido errores infantiles, sino que también se ha negado a resolver cuestiones de importancia. Por un lado, hay muchas autoridades que aún no han sido nombradas, y eso no puede sino plantear un signo de interrogación respecto de la capacidad de la derecha para hacerse cargo del aparato público, pues la segunda vuelta fue hace ya dos meses.</p>
<p>Por otro lado, el tema del logo, aunque menor, no es por eso menos sintomático, e ilustra bien cuán fácil es enarbolar desde la oposición la bandera de las cosas bien hechas, y cuán distinto es ponerle prolijidad a la gestión una vez adentro: hay varias lecciones que sacar sobre este punto. Y aunque es obvio que hay que darle tiempo a la nueva administración para que le tome el ritmo a las nuevas circunstancias ―después de todo, son veinte años en la oposición―, esa excusa no puede servir durante mucho tiempo, menos aún si Piñera quiere imprimirle sentido de urgencia a su gobierno. Sabemos además que la primera etapa de los mandatos suele ser la más productiva.</p>
<p><a href="http://www.elranco.cl/wp-content/uploads/2010/03/piñeracolocolo.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-28617" src="http://www.elranco.cl/wp-content/uploads/2010/03/piñeracolocolo-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>Pero en verdad lo más complicado viene por otro lado: en un gabinete donde abundan los conflictos de interés, el mismo Presidente optó por hacer oídos sordos a los suyos propios. Así, el presidente Piñera investido ayer en Valparaíso conserva su participación en Colo Colo, aún no aclara el nuevo estatuto de Chilevisión y, pese a que había prometido lo contrario, no se ha desprendido de su participación en Lan. Si eso no es conflicto de interés, yo no sé qué pueda serlo. El problema es complejo por varias razones. Una de ellas tiene que ver con lo siguiente: como es el jefe quien da la pauta, resulta difícil imaginar qué razones tendrían las otras autoridades para aplicar un criterio distinto al del Presidente.</p>
<p>Dicho de otro modo, en esta materia Piñera no puede exigir mucho pues él mismo ha optado por hacer poco. Así, por dar sólo un ejemplo, tendremos que conformarnos con que el subsecretario de deportes sea uno de los dueños del club deportivo más popular del país, como si nada. La cuestión tiene mucho de decepcionante, pues nada de esto daría para discusión en una democracia seria, pero la verdad es que en Chile Piñera puede darse el lujo de incumplir una promesa de campaña sin que a nadie parezca importarle mucho y puede también darse el lujo de poseer un medio de comunicación masivo sin que nadie se inquiete demasiado.</p>
<p>No se trata de presumir mala fe, pues el problema central no pasa por ahí. Se trata más bien de tomarse en serio esa lección de Montesquieu según la cual es preferible limitar el poder que lamentarse luego por no haberlo hecho: es una regla básica de la democracia, que ni Piñera ni nosotros parecemos haber escuchado con la suficiente atención.</p>
<p>Es cierto que el terremoto hizo pasar a segundo plano todas estas consideraciones, además de representar una oportunidad política para el nuevo presidente. Si antes tenía que darse el trabajo de bajar las expectativas, hoy ese problema está resuelto. Si antes carecía de mística y de relato, hoy se enfrenta a la titánica tarea de reconstrucción nacional. Pero también recién ahora podemos medir cuán frívolo fue su llamado a realizar un gobierno de unidad nacional cuando no había motivo serio para hacerlo. En cualquier caso, sería un poco triste, por decir lo menos, que la catástrofe fuera entendida como simple excusa para incumplir las promesas.</p>
<p>Con todo, el hecho final es que cuesta entender que Piñera, un hombre que lleva exactos veinte años mirando fijo hacia La Moneda sin pausa y sin descanso, no esté dispuesto a poner toda su atención y toda su energía en realizar un buen gobierno, despejando todos los problemas anexos. Es difícil comprender por qué está dispuesto a exponerse por cuestiones que podría y debería haber resuelto hace mucho tiempo, e insista en poner fichas en dos canchas distintas.</p>
<p>Es misterioso que ni La Moneda, ese objetivo tan anhelado y por el que estuvo dispuesto a hacer tantas cosas, lo haga cambiar de actitud. Sus detractores siempre podrán alegar que siempre fue así, que cuando fue senador la cosa no fue muy distinta, que la política para él no es mucho más que medio para otros fines y que,  simplemente, es su naturaleza: donde ve una oportunidad, la aprovecha sin hacerse muchas preguntas y donde hay un espacio, lo toma sin fijarse en detalles. Ignoro cuánta verdad hay en esos argumentos, pero hay algunos hechos que no merecen discusión. El primero es que, al exponerse así, Piñera abre flancos que le pueden costar caro en un futuro no tan lejano. Otro es que da la impresión que Piñera es un poco inconsciente de la gravedad histórica del proceso que encabeza, pues está dispuesto a contaminarlo con cuestiones de índole privada.</p>
<p>En ese sentido, sólo cabe esperar que Piñera resuelva cuanto antes eso que podríamos llamar “la cuestión previa”, que no es otra cosa que el problema Piñera, aunque el mismo hecho que estos problemas subsistan a fecha 12 de marzo habla más que mil palabras. Como sea, si no lo hace, sólo dará buenas razones a quienes piensan que su aventura es más individual que colectiva y más personal que política, y eso no puede sino perjudicar a su propio gobierno.</p>
<p><em>Fuente y foto del autor: http://cuadernosdelaquincena.blogspot.com</em></p>
<p><em>Foto 2: www.colocolo.cl</em></p>
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